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No es reciente que la humanidad sabe que la alimentación, buena o mala, impacta de manera positiva o negativa, respectivamente, en nuestra salud. La comida sana siempre ha sido la mejor medicina para nosotros. Sin duda la nutrición es un tema importante hoy en día. Hace unas semanas te compartimos los 5 pilares fundamentales para crear buenos hábitos, ya profundizamos en la mente y ahora toca el turno al pilar de la alimentación (por si te perdiste estos artículos, te dejamos el link al final). ¡Empecemos!.

Algunos mitos:

Hay quienes piensan que quitando las tortillas y el refresco basta para “bajar de peso” (dejando de lado completamente el tema más importante, la salud), hay quienes persisten (incluso médicos y/o nutriólogos) en seguir con mitos como “la grasa es la culpable de todo”, “comer más de 2 huevos a la semana te eleva el colesterol”, “que el colesterol del alimento es malo y es culpable de elevar colesterol en sangre”, “que debes comer más de 5 comidas cada 2-3 horas o perderás músculo”, “la cetósis y el ayuno son malos”. Alguna ves se han preguntado: ¿Cómo sobrevivieron nuestros antepasados en épocas de invierno y hambruna sin seguir estas recomendaciones? Por cierto, durante la noche ayunamos entre 6, 8, 12 o hasta más horas, dependiendo, así que no es nada nuevo ni malo.

Aún sabiendo esto, las técnicas de publicidad de la industria alimentaria son enormes, nos atacan constantemente con productos: light, bajos en grasa, sin azúcar, fitness, ancestrales, “integrales”. Esto conlleva a que la gente piense que los productos que nos brinda la naturaleza no contienen los suficientes nutrimentos ni la calidad para alimentarnos, que es el hombre y sus modificaciones los que harán que nuestra alimentación sea óptima, cuando es todo lo contrario.

Todas las especies, incluyendo al ser humano, está más adaptada genéticamente a la alimentación con la que hemos ido evolucionando al paso de los años y tan es así que basta con mirar las principales causas de muerte que antes no existían, la mayoría son por enfermedades que se generan por malos hábitos de alimentación y sedentarismo (recuerden que los dos son igual de peligrosos).

Al paso de los años y en nuestra evolución hemos pasado de comer fruta de los árboles, raíces y tubérculos (mientras la anatomía se iba adaptando), a añadir también alimentos de origen animal. Pasamos de carroñeros (comíamos lo que otros animales nos dejaban) a cazadores, cosa que requería de estrategia, se inventaron las herramientas necesarias para hacerlo, provocando, que el cerebro se fuera desarrollando y necesitara de un mayor aporte calórico. El descubrimiento del fuego y poder cocinar con el, permitía que casi se duplicaran las calorías de los alimentos como los tubérculos, al mismo tiempo facilitaba la digestión y se aprovechaban mejor los nutrimentos de la carne. Es así como el ser humano, gracias al cerebro, tomó posición en la jerarquía animal.

Como hemos mencionado anteriormente, la cetosis y los ayunos intermitentes han formado parte de nuestra evolución sin saberlo. En época de escasez de alimento, nuestro cerebro se interpretaban las señales de tener hambre y por eso, desarrolló la capacidad metabólica de entrar en cetosis: alimentándonos principalmente de cuerpos cetónicos, los cuales se producen al metabolizar la grasa.

La revolución agrícola y los cambios en el ser humano.

Cuando el ser humano fue cazador-recolector la dieta era más variada en plantas y animales, pero esto cambió al inventarse la agricultura, pues bajó drásticamente el consumo de estos alimentos y e incorporaron en abundancia los cereales, los cuales carecen de densidad nutrimental. Estos cambios provocaron también cambios fisiológicos como reducción de altura, tamaño del cerebro y masa muscular. Aunque hemos ido innovando en tecnología y medicina “aumentando la esperanza de vida” estamos viviendo más tiempo enfermos y con miles de gastos provocados por las enfermedades actuales.

Antes de este cambio, el ser humano comía una mayor variedad de nutrimentos, si no había alguna planta, consumían otra, si escaseaba algún alimento o el clima no era favorable, cambiaban de zona (esto requería mayor movimiento) y al llegar la agricultura todo dependía de una buena cosecha, la cual aportaba más calorías en menor variedad de alimentos.

Debemos adaptarnos a los cambios, pero no dejar de lado lo esencial para la buena salud de nuestra especie, la cuál está mejor adaptada a nuestro pasado como cazadores-recolectores. Por eso les compartimos las siguientes recomendaciones:

  • Acude con un profesional de la alimentación, nutriólogo para que con base a tus necesidades individuales te adapte el mejor plan para ti.
  • Aprende con él/ella a reentrenar tu paladar, no más exceso de “comida” con potenciadores de sabor y de azúcares añadidos que generan adicción a ellos, además de tener mayor densidad calórica y mala calidad y densidad nutrimental.
  • Aprende a incluir variedad de alimentos en tus ensaladas, carnes y tubérculos para adquirir los mayores nutrimentos posibles.
  • Aprende a manejar tus comidas libres, para que sea más la comida de buena calidad y controles los procesados sin abusar de ellos.
  • Muévete más, el cuerpo está diseñado para moverse, empieza caminando unos minutos y poco a poco incorpora movilidad y fuerza a tus músculos con diferentes tipos de ejercicios e intensidades.
  • De vez en cuando aléjate de la tecnología y ten mayor contacto con la naturaleza.

¡Entrenando tu mente y tu cuerpo podrás dominar todos los puntos!.

“Elige solo una maestra; la naturaleza”.

Rembrandt

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